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Goccia

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NEGOCIOS QUE NO DURAN

Me sorprende lo poco que duran algunos comercios, ¿en qué piensan los que los ponen? Supongo que en un principio creerán que lo que van a vender se va a vender muy fácil pero al final se dan cuenta de que estaban completamente equivocados y al poco tiempo se ven obligados a cerrar. Al lado de mi casa no hace muchos meses abrió una tienda de productos de belleza hechos con lodos del mar muerto, os puedo decir que no he visto entrar allí a nadie nunca, y al cabo de un par de mese, no más, acabó cerrando. Se veía venir que lo que ofertaban no le interesaba a nadie o casi nadie. Ahora en su lugar han abierto otra tienda, una tienda en la que comprar venecianas y estores y toda clase de cosas para poner en las ventanas. Pero por lo que puedo ver desde la calle, le auguro un futuro bastante mejor que la tienda de los lodos del mar muerto.

 

Y esta situación pasa más a menudo de lo que os podéis creer. Muchos negocios abren con la esperanza de que los productos que ofertan van a ser el no va más y al final los dueños acaban estrellándose contra un muro y no les queda más remedio que cerrar mucho antes de lo que los propietarios tenían pensado en un principio, para eso deberían de hacer un estudio de mercado en lugar de aventurarse a vender un producto que no va a tener salida. Sobre todo con los tiempos que corren que no están para derrochar el dinero en negocios inútiles que solamente genera pérdidas. Antes de abrir un negocio hay que ver y pensar qué es lo que el barrio o la ciudad necesita imperiosamente y que no tiene, esos son los negocios que se deberían abrir, negocios que ayudan a la comunidad, y así la comunidad te va a devolver el favor casi seguro, ya que si abres un negocio es importante también saber a qué público te diriges, para abarcar más deberías buscar un negocio en el que abarcases todos los públicos

Perdidos en la isla

Fue un viaje largo. Aterrizamos en la isla sin saber en qué día estábamos. Nos encontrábamos casi en las Antípodas. Mientras esperábamos en la terminal del pequeño aeropuerto, empezamos a oír hablar a una pareja en español. El chico estaba poniendo un tono de exteriores en interiores, el resultado es que toda la terminal le escuchaba.

Cuando nos vino a recoger la lancha para llevarnos al hotel, descubrimos que la pareja se alojaba en el mismo hotel que nosotros. Y como los cuatro éramos españoles, nos llevaron al mismo tiempo a recepción para hablar con una chica que sabía castellano. Para nuestra sorpresa, el de los gritos se puso a hablar en francés con la de recepción, creando una situación del todo ridícula.

Se suponía que la chica nos tenía que explicar cosas comunes a las dos parejas en castellano, pero el gritón quería poner a prueba su francés nada más aterrizar en el hotel. Yo me concentré en mi cóctel de bienvenida, deseando que aquella comedia terminase rápido para ir a la habitación.  

Cuando llegamos a nuestro cuarto, descubrimos que no nos habíamos traído mosquitera, así que aprovechamos para volver al pueblo y buscar alguna tienda que nos vendiera mosquiteras baratas. En esa parte del mundo eran imprescindibles. Teníamos la cigua: la pareja de gritones francoparlantes no seguían a una distancia prudencial. Empezaba a hartarme de su presencia, así que convencí a mi mujer para darles esquinazo investigando el pueblo.

No es que fuera demasiado grande, pero yo empecé a subir por un camino que llevaba a la montaña. Me dije a mí mismo: la otra pareja no querrá ir por aquí. Y no me equivoqué. Cuando miramos para atrás el francoparlante y su novia/mujer/amiga ya no estaban. El problema fue que cuando quisimos encontrar el camino de vuelta, nos encontramos en la cima de la montaña.

Comenzaba a anochecer y nosotros perdidos en una isla en el otro lado del mundo. Y sin mosquiteras baratas. Después de largo rato de caminar y con mi mujer apunto de asesinarme, encontramos la carretera principal y llegamos para coger la última lancha en dirección al hotel. Y sí, allí estaban los francoparlantes esperando. Un drama.

Cómo empaquetar nuestro estor y demás telas y ropas para una mudanza

La ropa es aquello en lo que primero pensamos cuando nos enfrentamos a una mudanza. Cambiar de domicilio no es una tarea fácil y supone un cambio que para algunas personas es muy difícil de asimilar. Pero si hay algo que tenemos claro en el momento de hacer una mudanza es que nuestra ropa debe venir con nosotros, y que además de la ropa propiamente dicha también debemos empaquetar otro tipo de telas como son las cortinas o en este caso el estor japonés.

 

Antes de empezar a guardar y llevar ropa de un lado a otro, lo primero que tenemos que tener claro es si la mudanza que estamos a punto de realizar es temporal o permanente. En el caso de que sea una mudanza temporal, ya sea por un tema de estudios, un problema puntual o por un trabajo temporal, lo primero que tenemos que ver es cuánto tiempo estaremos fuera y cuánto tiempo durará ese cambio de domicilio. Esto es importante ya que según el tiempo que estemos fuera de casa necesitaremos más o menos ropa y de igual forma según el tiempo que estemos fuera, y la temporada en la que estemos debemos llevar ropa de invierno o verano adecuada con la época del año o épocas en las que vayamos a estar fuera. Además si estamos fuera solo por una temporada igual no será necesario empaquetar nuestro estor japonés.

 

Pero si la mudanza es permanente y queremos llevarnos toda nuestra ropa a nuestro nuevo hogar, lo que tenemos que hacer en primer lugar es catalogar toda la ropa que tenemos, es decir, hacer inventario para tener conocimiento exacto de toda la ropa que tenemos. Un truco para que nos sea más fácil es clasificar la ropa según el tipo de vestimenta, por ejemplo todos los pantalones juntos, todas las camisetas o toda la ropa interior. Otro modo de clasificar la ropa, además de la ya mencionada es clasificarlas por temporadas en las que la utilizamos.
Una vez hecho todo esto pasamos a empaquetar la ropa. Si bien lo ideal es guardar la ropa en maletas, si no disponemos de maletas suficientes podremos guardarla en cajas perfectamente embaladas. En el caso del estor japonés debemos tener especial cuidado en que sus enganches no se estropeen durante la mudanza.