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Goccia

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Perdidos en la isla

Fue un viaje largo. Aterrizamos en la isla sin saber en qué día estábamos. Nos encontrábamos casi en las Antípodas. Mientras esperábamos en la terminal del pequeño aeropuerto, empezamos a oír hablar a una pareja en español. El chico estaba poniendo un tono de exteriores en interiores, el resultado es que toda la terminal le escuchaba.

Cuando nos vino a recoger la lancha para llevarnos al hotel, descubrimos que la pareja se alojaba en el mismo hotel que nosotros. Y como los cuatro éramos españoles, nos llevaron al mismo tiempo a recepción para hablar con una chica que sabía castellano. Para nuestra sorpresa, el de los gritos se puso a hablar en francés con la de recepción, creando una situación del todo ridícula.

Se suponía que la chica nos tenía que explicar cosas comunes a las dos parejas en castellano, pero el gritón quería poner a prueba su francés nada más aterrizar en el hotel. Yo me concentré en mi cóctel de bienvenida, deseando que aquella comedia terminase rápido para ir a la habitación.  

Cuando llegamos a nuestro cuarto, descubrimos que no nos habíamos traído mosquitera, así que aprovechamos para volver al pueblo y buscar alguna tienda que nos vendiera mosquiteras baratas. En esa parte del mundo eran imprescindibles. Teníamos la cigua: la pareja de gritones francoparlantes no seguían a una distancia prudencial. Empezaba a hartarme de su presencia, así que convencí a mi mujer para darles esquinazo investigando el pueblo.

No es que fuera demasiado grande, pero yo empecé a subir por un camino que llevaba a la montaña. Me dije a mí mismo: la otra pareja no querrá ir por aquí. Y no me equivoqué. Cuando miramos para atrás el francoparlante y su novia/mujer/amiga ya no estaban. El problema fue que cuando quisimos encontrar el camino de vuelta, nos encontramos en la cima de la montaña.

Comenzaba a anochecer y nosotros perdidos en una isla en el otro lado del mundo. Y sin mosquiteras baratas. Después de largo rato de caminar y con mi mujer apunto de asesinarme, encontramos la carretera principal y llegamos para coger la última lancha en dirección al hotel. Y sí, allí estaban los francoparlantes esperando. Un drama.